viernes, 2 de noviembre de 2012

Por qué no conocen a Jesucristo


Según fuentes de la Conferencia Episcopal Española, en palabras de Monseñor Munilla, obispo responsable de pastoral juvenil, el 50% de los jóvenes españoles no conocen a Jesucristo.
Naturalmente, al ser una media habrá diferencia entre las distintas regiones e influirá bastante la formación que estos jóvenes poseen;  “no conocen” significa que, aunque muchos sean capaces de identificarle en las distintas  formas en que se manifiesta artísticamente, no saben nada más de El: su vida, su enseñanza, su doctrina; no han leído nada del Evangelio ni son capaces de recitar el padrenuestro y, desde luego, la práctica se reduce, si es el caso, a momentos puntuales, que no dejan huella en sus vidas.
Es necesario recordar que en la sociología actual  el concepto de juventud abarca un periodo muy amplio de la vida, podemos estar hablando de personas que tienen bien cumplidos los treinta. Los obispos se refieren, por tanto, no sólo a los adolescentes, sino también a los padres y madres de niños en edad escolar, incluso universitarios. Al no conocer ellos a Jesucristo, tampoco pueden transmitirlo a sus hijos. “Se ha roto la cadena de transmisión de la fe”, afirman, quedando en manos de algunas abuelas la primera iniciación cristiana, papel que tradicionalmente ha correspondido a los padres
Para los creyentes, todos los acontecimientos son una llamada de Dios a la conversión; cito estos datos en sentido creyente y, por tanto, no deseo que sean en forma alguna interpretados como derrotismo;  son un acicate para ponernos a trabajar. La conclusión de nuestros obispos es que España ya puede considerarse como “un país de misión”.
Leído lo anterior, ¿qué podemos hacer nosotros?
1.- Tanto el Papa como nuestros pastores nos están recordando en este año de la fe que todos somos misioneros desde el día de nuestro Bautismo. Tal vez para nosotros ser misionero no sea discutir ni ir tocando de puerta en puerta, pero sí intentar transmitir nuestra fe a quienes tenemos más cerca. Primero con el ejemplo, pero además con la palabra y los medios adecuados. Es una tarea larga, como todo proyecto educativo, que requiere paciencia y tacto: no vamos a avanzar ni un milímetro con largos discursos o riñas. Dicen los expertos pastoralistas que la Iglesia, es decir, nosotros, tenemos que aprender a hacer cristianos, porque hasta hace no mucho tiempo nos venían dados por la sociedad, y eso ya no sucede.
2.- Nos ayudará bastante no dejar esta tarea exclusivamente en manos de los sacerdotes, los religiosos y religiosas, los profesores de religión, etc.  Su tarea  es servir de ayuda, pero, si no tienen eco en la familia, en los amigos, en el grupo con que se reúnen los jóvenes, se abre una brecha entre lo que dice el cura, lo que oigo en la iglesia y lo que dicen mis seres más cercanos. (Como ejemplo, aunque no es el único, sucede muchas veces con los niños y niñas de comunión).
3.- Ayudará bastante que los mayores dejemos de recurrir a los famosos “tiempos dorados” de mi juventud. Esa añoranza no es buena, porque nos produce pasividad, esperando de brazos cruzados que vuelvan aquellos años dorados. Es necesario recordar que, cuando los mayores nos referimos a “nuestra juventud”, quienes nos oyen aún no habían nacido.
4.- Nuestra parroquia está transmitiendo a los niños y niñas de comunión las verdades fundamentales de la fe, gracias a los catequistas. Tenemos un grupo de confirmación, en que se intenta poner a los jóvenes en contacto con Jesucristo. Después de recibir ambos sacramentos nos preocupa la permanencia y eso ya no está en nuestras manos, al menos totalmente. Aquí serían necesario adultos que los “adoptaran” para animarlos a seguir en el camino que han emprendido.
Estas quieren ser unas palabras de ánimo. Sabemos que Jesucristo tiene en sí mismo fuerza suficiente para llenar de alegría la vida de quienes le siguen. Nuestra tarea es presentarlo claramente, en este caso a los jóvenes. No es que se haya secado el manantial sino que están faltando guías para acompañar a los hombres hacia él.
                                                           José Palomas Agout, Párroco.
                                                                                              Octubre 2012.